En la vida moderna, las tentaciones se manifiestan de múltiples formas, tal como ocurrió con Jesús en el desierto. Él enfrentó pruebas de hambre, poder y gloria, mientras que hoy en día las tentaciones pueden presentarse como avaricia, corrupción, placer desmedido o incluso superficialidad. Estas situaciones pueden alejarnos del camino de Dios si no aprendemos a reconocerlas y combatirlas. El Padre Alberto Enamorado, Párroco de la Divina Providencia, señaló que la clave para superar estas pruebas es la cercanía con Dios. “Oren para no caer en la tentación. La idea no es caer en el pecado sino en la intranquilidad del alma cuando se está en él. Para evitar caer en la tentación es cuando estamos con Dios, esto nos ayuda a estar más atentos a nuestra vida y acciones, es cuando se puede hacer viable con la fuerza de Dios”, enfatizó.
Para fortalecer el espíritu y resistir las tentaciones, el sacerdote recomienda cuatro prácticas esenciales: La oración constante, que permite mantener una relación viva con Dios y que es una de las principales propuestas para la Cuaresma; El rezo del Santo Rosario, como una forma de intercesión y protección; La Palabra activa, que implica vivir la fe en acciones concretas de amor y servicio y La Palabra activa a través del hacer, querer y tener y contemplativa, a través de la adoración al Santísimo y la participación en la Eucaristía. Las tentaciones siempre estarán presentes en la vida del cristiano, pero la verdadera batalla se gana con la fe, la perseverancia y la búsqueda constante de la presencia de Dios.
PRUEBAS DE SANTIDAD
A lo largo de la historia, los santos han sido ejemplo de lucha contra la tentación. Un caso emblemático es San Antonio Abad, quien pasó años en el desierto enfrentando pruebas espirituales. Se dice que el demonio lo atacaba con visiones de riquezas y placeres mundanos, pero él se mantuvo firme en la oración y el ayuno. Su testimonio es un recordatorio de que, con fe y perseverancia, es posible vencer cualquier tentación.