Solo el pueblo salva al pueblo

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Por principio quiero aclarar que me opongo a esta frase que ha sido tan trillada en estos días. El Salvador de nuestro pueblo es Jesucristo y nadie más. Porque sólo Él puede salvar.

Sin embargo, entiendo la reacción de nuestra gente dado que el deterioro de las instituciones públicas nos ha orillado a sentirnos completamente desprotegidos y abandonados. Sin olvidar que también son parte del pueblo los bomberos, los policías y los miembros del ejército que en estos días han realizado acciones encomiables en bien de los más desprotegidos y sobre todo los damnificados por esta catástrofe que ha sido el paso del Huracán Eta.

Pero, disculpas adelantadas, a mí sí me duele sobremanera el que no podamos confiar en las instituciones de Gobierno. Esto no debería de ocurrir en ninguna sociedad que se precia de democrática y republicana.

No viene al caso aquí volver a señalar el origen de esto, pero sabemos que justamente en esta falta de republicanismo es donde se gesta todo. No hay poderes independientes, no hay justicia, no hay ley legítima que los cobije a todos porque, basta ver el Código de la Impunidad, para darnos cuenta el descaro y la desfachatez con la que proceden estos señores. Pero, dado que cuando ustedes lean estas líneas ya estaremos probablemente con las lluvias encima de nuevo, es pérdida de tiempo que está gente cambie.

Por eso, aplica por analogía eso de el pueblo salva al pueblo. Lo importante es tener claro el concepto de pueblo. Porque pueblo no es una masa, sino una comunidad, una familia, con una meta común y no sólo con un sentido de vecindario, sino de fraternidad.

El pueblo, es un concepto cristiano, bíblico. En el antiguo testamento se convocaba al pueblo y siempre tenía un sentido casi litúrgico. Era una comunidad de orantes, que escuchaban a Dios, que buscaban conocer su voluntad y eso es imprescindible tenerlo claro.

El fracaso de muchos pueblos, de muchas naciones, está en la falta de escucha. El diálogo que construye las familias y los pueblos no es hablar, es saber escuchar, es encontrar consensos, es caminar juntos en una dirección que descubrimos como nuestra, sin excluidos ni exclusiones. Ese es el reto. Ese es nuestro reto.

Hablar del pueblo como algo amorfo, como situaciones espontáneas termina siendo un conjunto de reacciones, pero no de acciones ni proyectos.

Todo lo que nos está deparando este 2020, es un reto inmenso. No es que estamos sufriendo más de lo debido, porque Dios no prueba a nadie por encima de sus fuerzas, sino que es un llamado de atención, duro, claro, contundente.

No nos hemos constituido en un pueblo aún y sobre todo mientras sigamos haciendo de los partidos políticos haciendas privadas de un grupo de mezquinos que no ven más allá de la mascarilla, suponiendo que la usan.

El pueblo sin Dios, no es pueblo. Solo así el pueblo salvará al pueblo.

Padre Juan Ángel López, párroco Sagrado Corazón de Jesús, Miraflores

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