Solemnidad de la Natividad del Señor desde el Vaticano

En el marco de la Natividad, y a la espera del nacimiento del Hijo de Dios, el Papa Francisco, bajo las medidas de bioseguridad ante la pandemia por el COVID-19, celebro la Santa Eucaristía, ante la víspera del nacimiento del Salvador.

Con poca feligresía, entre ellos colaboradores y miembros del cuerpo diplomático, se desarrolló la gran fiesta donde se recordó el acontecimiento que marcó el amor en la humanidad.

Su Santidad Francisco al inicio de la Santa Eucaristía, develó la imagen del niño Jesús, para luego incensar dicha imagen, símbolo que nos recuerda la grandeza del nombre de Jesús, para luego besar el altar que es el mismo Cristo, para luego desarrollar la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística.

Entre las campanadas desde la ciudad de Roma, en la basílica de esa gran ciudad se anuncia que el Salvador del mundo ha nacido, mientras se entonaba el Gloria.

El mensaje del máximo líder de la Iglesia católica, comenzó señalando el cumplimiento de la profecía de Isaías, ante la alegría y lo extraordinario que causa el nacimiento del Niño Jesús, hijo de Dios, siendo el mayor regalo para la humanidad, mismo que nos permite renacer cada año.

🎄⛪️🙏 Fieles de todo el mundo celebraron, por medios electrónicos, la misa de la noche de Navidad, celebrada este 24 de diciembre por el Papa Francisco en el Vaticano.

Publicado por Suyapa Medios en Jueves, 24 de diciembre de 2020

 

“El amor de Dios es un amor gratuito, todo es gracia sin mérito de alguno de nosotros, el nos ama siempre, sabe que nosotros mejoramos acogiendo su amor incansable, solo el amor de Jesús transforma la vida”, resaltó el Papa Francisco.

El niño en el pesebre es para ser un horizonte en la vida, continuo señalado el Santo Padre, mientras se mantenía una alegría en el marco de la Noche Buena.

“Muchas veces nos olvidamos del pesebre de Belén y entramos a esos pesebres de la vanidad, amando a los pobres, también lo podemos amar a Dios”.

Al terminar la reflexión se hizo el llamado a consolar a la humanidad, sabiendo que somos hijos amados, afirmando que todo es gracia de Dios.

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