Santa Isabel de Hungría, Reina de los pobres y enfermos

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Santa Isabel de Hungría fue una princesa que nació en 1207, hija del Rey Andrés II y de Gertrudis, en el castillo de Sárospatak, al norte de Hungría,  falleció a los 24 años  en 1231  y fue canonizada por Gregorio IX en 1235. Santa Isabel fue canonizada  cuatro años después de su muerte.

Una de las cualidades que destacan en ella es el  modelo admirable de donación completa de sus bienes y de su vida entera  dedicada a favor de los pobres y de los enfermos.

Cuando ella sólo tenía veinte años y su hijo menor estaba recién nacido, el esposo murió luchando en las Cruzadas. La Santa estuvo a punto de sucumbir a la desesperanza, pero luego aceptó la voluntad de Dios. Renunció a propuestas que le hacían para nuevos matrimonios y decidió que el resto de su vida sería para vivir totalmente pobre y dedicarse a los más pobres. Daba de comer cada día a 900 pobres en el castillo.

Dentro de los milagros que sucedieron en su sepulcro y que movieron al Sumo Pontífice a declararla santa, resalta que el mismo día de su muerte, un hermano lego se le destrozó un brazo en un accidente y en su habitación  vio a una mujer  vestida con trajes hermosísimos era Santa Isabel  De Hungría , según algunos escritos relatan que ella sonriente le dijo: ” Acabo de morir. Estira tu brazo que está curado”. Estiró el brazo totalmente destrozado, y la curación fue completa e instantánea. Dos días después de su entierro, llegó a su  sepulcro un monje que sufría de un dolor en el corazón y ningún médico había logrado aliviarle. Se arrodilló y rezó junto a la tumba de y quedó curado de su dolor y de su enfermedad.

Cabe destacar que Santa Isabel de Hungría fue declarada patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.

Oración por los enfermos a Santa Isabel de Hungría

Oh Dios misericordioso,

alumbra los corazones de tus fieles;

y por las súplicas gloriosas de Santa Isabel,

haz que despreciemos las prosperidades mundanales,

y gocemos siempre de la celestial consolación.

Oh dulce Isabel,

tú que superaste el sufrimiento

con el gozo de elevar himnos a Dios,

infunde en nosotros

tu espíritu de paciencia ante la adversidad.

Concédenos el don de saber perdonar.

Líbranos de las pasiones dañinas,

de manera que podamos seguir sirviendo al Señor

con todo el corazón,

con toda el alma,

con todas las fuerzas.

Que así sea.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

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