Palabra de vida | “Mis ovejas…”

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El primer elemento que nos ofrece la Palabra de Dios en este domingo, es saber que somos ovejas de Jesús buen pastor. Incluso antes que naciéramos ya su voz había resonado para que una vez que viniéramos a la vida, tuviéramos la más profunda inclinación a escuchar su voz. Para la Biblia “escuchar” es más que oír, implica adhesión alegre, obediencia, elección de vida. Quien ha escuchado la voz inconfundible de su pastor, le sigue de manera cotidiana y continua, incluso cuando aparecen las garras del lobo intentando devorar nuestra carne y destruir nuestro espíritu. Pero es precisamente aquí cuando vale recordar que somos sus ovejas. Él nos asegura que nadie nos podrá “arrebatar” de su mano segura y omnipotente. La resurrección de Cristo le ha hecho ser vencedor para que junto a Él venzamos también todos los suyos. Así lo presenta esa gran multitud de “toda nación, raza, pueblo y lengua” en la segunda lectura del Apocalipsis.

Pero esa gran consumación de la historia, toda unida bajo un solo y único pastor, implica una real adhesión al “buen pastor” que ha tomado la iniciativa de ofrecer su vida en rescate de todos, buscando tan anhelada unidad de su cuerpo. El texto del Evangelio es invitación a seguir esa trilogía de verbos presentes, con esa gran carga de exigencia de fe, como punto de partida: “Escuchar-conocer-seguir”.

Es todo un itinerario del discípulo que habiendo por la fe encontrado al Resucitado, ha escuchado su voz, busca conocerlo más y más, para luego tomar una decisión radical de seguirlo hasta el final, como prueba de que se llegó a esa etapa de madurez espiritual que es el amor por el Jesús, que en el domingo pasado fue confirmado por Pedro: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Solo desde este itinerario llegamos a la certeza de Pablo: “Estoy convencido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni principado, ni presente ni futuro, ni potencia, ni altura ni profundidad, ni criatura alguna podrá jamás separarnos del amor de Dios, en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8, 38-39).

Que la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas, celebrada este domingo, permita a los jóvenes escuchar de nuevo su voz y responder a sus llamadas. Y, que también las familias se preocupen por ser espacios de fe viva donde se permitan celebrar la fe y dejar que Dios hable al corazón de los hijos. De la oración por la vocaciones pasamos también al compromiso por ayudar a Dios a elegir a sus obreros.

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