Palabra de vida | “Effatá, es decir, ¡Ábrete!”

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La frase de Isaías “Se abrirán los oídos de los sordos y gritará de alegría la lengua del mudo”, prácticamente la ve Marcos como el anuncio de un acto que ahora Cristo está realizando, signo de una nueva y radical liberación. El contexto geográfico que el Evangelio de hoy nos presenta, pone a Jesús en un ambiente totalmente pagano, llamado la Decápolis. Con este sordomudo, Él sigue un ritual médico-taurmatúrgico popular ligado al mundo en donde se había criado. Pero el elemento religioso en el que se ofrece la sanción, está claramente evidenciado, Jesús mira al cielo, es decir, ora como lo ha hecho en otros relatos de milagros y seguidamente realiza el acto fundamental, que es el de su palabra poderosa y eficaz semejante al orden divino de la creación: “¡Hágase la luz! Y la luz fue hecha” (Gn 1, 3). Jesús ha pronunciado una orden en su legua materna de origen, el arameo; Effatá “¡Ábrete!”.

Hay que señalar que la palabra de Cristo es como la de Dios, se pronuncia y realiza lo que dice, obra y libera, trastorna las fronteras del dolor y de la miseria, “abriéndolas” a la irrupción de la esperanza y de la alegría. Por otro lado, esta narración como muchas otras de Marcos, está enmarcada dentro del “secreto mesiánico”, manda que su curación no la sepa nadie. Más que un prodigio espectacular, Jesús quiere hacer un acto que transforme sobre todo la conciencia: los oídos sordos en la Biblia son a menudo signo del corazón indiferente. Sin la palabra eficaz de Cristo el hombre permanece sordo al Evangelio.

Hermoso detalle de este pasaje, regalo del Señor para su Iglesia, que de manera particular habla al oído a veces sordo de Honduras para que escuche su voz; detalle de Jesús para cada cristiano que va fomentando una sordera selectiva para el mensaje del Señor y plena salud para el mensaje del mundo. Que Septiembre mes de la Biblia nos ayude a escuchar plenamente la Santa Palabra de Dios.

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