Homilía del Señor Arzobispo para el XXI Domingo del Tiempo Ordinario

“Tú tienes palabras de Vida eterna” (Jn 6, 60-69)

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Tal vez, llegue algún día en que a partir de nuestra experiencia interior podamos decir de verdad como Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna”, solo en Ti encontramos sentido a nuestra vida. Fuera de Ti el absurdo y la nada. Sí, hemos buscado en otras direcciones y lo único que hemos encontrado ha sido el vacío y el sinsentido. “Este modo de hablar es duro ¿Quién puede hacerle caso?” Existían “resistencias” en la comunidad cristiana, para aceptar el mensaje de Jesús y se produce como una “rebelión” entre los primeros discípulos, una verdadera crisis…

Jesús se da cuenta de lo que está sucediendo y afronta la situación. Nosotros, a veces, también encontramos duro su lenguaje, nos cuesta creer que Él nos ama entrañablemente. “El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve para nada”. ¿Qué es el Espíritu? El Espíritu es la fuerza del amor que procede del Padre y es Dios mismo actuando en nosotros, Él es vida y la comunica. La “carne” ¿Qué significa la carne? La carne significa la condición frágil del ser humano, es decir, nuestra condición existencial, sin fuerza ni amor, débil y no sirve de nada, la “carne” es todo lo inmaduro, lo sin hacer… Carne y espíritu no son realidades contrapuestas, sino dos maneras diferentes de afrontar la vida humana. Pero “hay algunos de entre Ustedes que no creen”…

Jesús no se hace ilusiones, sabe que hay resistencias para confiar en él…, cuenta incluso con la traición, cuenta con nuestra fragilidad, con la capacidad que tenemos de estropear nuestra vida, de malograrla, de tomar opciones equivocadas, de echarnos atrás e incluso, abandonarle… “Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él”…En este proceso de alejamiento entre Jesús y sus discípulos, se da el último paso, el abandono. Hasta ahora los que le criticaban eran “los judíos”, ahora son “sus discípulos” los que deciden abandonar a Jesús. Ésta es una situación que se repite y multiplica en nuestro tiempo: Muchos hombres y mujeres abandonan la práctica eclesial. Ahora, casi dos mil años más tarde, vuelve un tipo de experiencia semejante: miles de creyentes abandonan a Jesús, el Señor.

Si le abandonamos iremos retrocediendo día tras día y caeremos en la oscuridad y en el sinsentido. En esta situación dolorosa viene la pregunta de Jesús: “¿También Ustedes se quieren marchar?” Se lo pregunta porque muchos de los que hasta entonces habían seguido a Jesús murmuraban de Él y se escandalizaban de sus propuestas hasta abandonarle. Quizá nunca se ha dado una crisis en la Iglesia tan fuerte como ésta, de manera que muchos empiezan a sentirse perplejos, y piensan incluso en el fin de la Iglesia del Cristo y de sus primeros seguidores. ¿Qué haremos nosotros? ¿Dejar a Jesús, abandonar la Iglesia? ¿Quedarnos con Jesús y con esta Iglesia santa y pecadora? ¿No tener más Dios ni Evangelio que el mercado y nuestro bienestar? También, hoy nosotros somos invitados a responder a esta pregunta de Jesús: “¿También ustedes se quieren marchar?”.

Jesús está dispuesto a quedarse solo antes que abdicar de su docilidad al Padre. Nosotros también vivimos actualmente momentos de crisis en nuestra sociedad en decadencia y de dificultades personales en el camino del Evangelio. Por eso, es bueno que nuestra Iglesia y nuestra comunidad renovemos nuestra fe en el Resucitado de forma consciente. Tal vez tendríamos que decir como Pedro: “Señor, ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Pedro habla en nombre del grupo, en plural. Pedro no pregunta: Adónde iríamos, sino a quién iríamos. Irse, abandonar la tarea, no es el problema.

El gran problema es a quién acudir. No puedo vivir ni crecer sino me uno con Aquél que me hace vivir y ese es Jesús, el Resucitado. Creer significa hacer de su persona y de sus palabras el centro y el sentido de nuestra vida. Es lo que expresa Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna”. Solo Tú tienes palabras que nos hacen vivir. Solo con tu amistad experimentamos lo que es bueno y nos libera de verdad. Solo en la experiencia de tu Amor se abren para nosotros las puertas de la vida. “Nosotros creemos y sabemos”…

(Los dos verbos están en plural porque expresan la experiencia de la comunidad). Es la experiencia fundamental de la Comunidad cristiana. Tú eres el santo de Dios… el que tiene la plenitud del Espíritu, de la Vida. También hoy podemos decirle: Te necesito. Vengo cansado de ir por tantos caminos de la vida. No he encontrado la verdadera paz lejos de ti. Por eso, me pongo hoy ante ti, para pedirte esa paz y esa vida que no he encontrado.

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