El Papa Francisco inició la jornada de este día en Eslovaquia con la visita de cortesía a la presidenta de la República, la señora Zuzana Čaputová, en el Palacio Presidencial de Bratislava. Allí se dieron los actos protocolarios para un jefe de estado.

Allí el Papa pronunció un discurso en donde sobre sale el llamado a la paz y la solidaridad, características que pidió el Pontífice para cada uno de los pobladores de esta nación. Propuso la figura de San Cirilio y Metodio, dos santos hermanos que se caracterizaron por difundir “el Evangelio cuando los cristianos del continente estaban unidos; y todavía hoy unen las confesiones de esta tierra”. Asimismo, destacó la fraternidad, como símbolo de unidad, “Queridos amigos, que esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza. Ustedes saben reservar gran atención a la hospitalidad. Me sorprenden las expresiones típicas de la acogida eslava, que ofrece a los visitantes el pan y la sal. Y quisiera ahora inspirarme en estos dones sencillos y preciosos, impregnados de Evangelio” dijo.

Utilizando estas figuras, que en el Evangelio son muy significativas, mencionó que “El pan partido y compartido equitativamente recuerda la importancia de la justicia, de dar a cada uno la oportunidad de realizarse. Es necesario esforzarse para construir un futuro en el que las leyes se apliquen a todos por igual, sobre la base de una justicia que no esté nunca en venta” y sobre la sal dijo que “La sal, en los tiempos de Cristo, además de dar sabor, servía para conservar los alimentos, preservándolos del deterioro. Me gustaría que nunca dejen que los fragantes sabores de sus mejores tradiciones se estropeen por la superficialidad del consumo y las ganancias materiales. Y mucho menos de los colonialismos ideológicos. En esta tierra, hasta hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas. Hoy, como entonces, la sal de la fe no es una respuesta según el mundo, no está en el ardor de llevar a cabo guerras culturales, sino en la siembra humilde y paciente del Reino de Dios, principalmente con el testimonio de la caridad, del amor.

Durante el encuentro privado que sostuvo el Santo Padre y la presidenta de Eslovaquia, han procedido a la firma en el Libro de Honor, presentación de la familia y ha tenido lugar el intercambio de dones. El Papa ha regalado a la mandataria de este país, un azulejo de la medalla del viaje. “Peregrino en Bratislava, abrazo con afecto al pueblo eslovaco y rezo por este país de raíces antiguas y rostro joven, para que sea un mensaje de fraternidad y paz en el corazón de Europa” reza el mensaje escrito por Francisco.

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