El Santo Cura de Ars transmitió misericordia a tiempo y destiempo

El ímpetu inagotable de San Juan María Vianney aún es recordado y puesto como modelo para quienes administran el Sacramento de la Confesión

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Si bien los siete sacramentos de la Iglesia tienen estrecha relación con Dios, el de la penitencia encierra elementos que fortalecen la presencia de la dispensa, del reconocimiento del error, el deseo de enmienda y la miseria del hombre, que es menor que esta gracia sacramental.

Seguimiento

El Padre Wilson Canizalez, vicario de la Basílica de Suyapa y uno de los encargados de conferir la reconciliación sacramental, expone que “Para el sacerdocio, este sacramento es muy importante porque en el reconocemos la miseria humana y el peligro al que nos vemos expuestos cuando nos dejamos seducir por el demonio. Lo importante es que Dios purifica, perdona, renueva y sana el corazón del hombre de las heridas que deja el pecado”.

El ejemplo del Santo Cura de Ars está latente en los consagrados según el Padre Canizalez, al afirmar que “en el Sacramento de la Reconciliación, experimentamos la gracia de liberar a una persona del pecado y devolverle la vida en plenitud en el Señor. La riqueza no solo la experimenta quien se confiesa sino también el confesor”, concluyó diciendo el presbítero.

Exhortación

En 1984, el Santo Padre Juan Pablo II escribió la exhortación apostólica “Reconciliación y Penitencia”, en la que se buscó dar una comprensión más amplia de la riqueza de este sacramento bajo las nuevas realidades. En el texto se pueden leer frases como: “penitencia significa el cambio profundo de corazón bajo el influjo de la Palabra de Dios y en la perspectiva del Reino” o “la reconciliación, para que sea plena, exige necesariamente la liberación del pecado, que ha de ser rechazado en sus raíces más profundas”.

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