La misión requiere de más familias que asuman su compromiso bautismal de anunciar que Jesús ha resucitado. En este mes consagrado a las misiones, es importante destacar que, desde el núcleo familiar se puede proclamar el Evangelio y que, comprometidos con el Señor, toda la familia puede ser misionera.

Las familias misioneras buscan propiciar en los hogares, el crecimiento de la fe, la vivencia de los sacramentos, el servicio a los demás. Además, se presenta una fe viva, un testimonio de unidad y oración constante.

Se puede ser una familia misionera desde el propio hogar. Para ello, cada hogar debe procurar ser una verdadera comunidad de vida y de amor, esto significa que en todo momento deben tener a Dios amor como centro del hogar. Algunos agentes de Pastoral sugieren, además, que, en las familias, se debe transmitir y cuidar responsablemente de la vida de todos los miembros, apreciarse, valorarse, compartir lo que se es y ayudarse a progresar en todos los aspectos y comprenderse, reconciliarse y reflejar en familia el amor y la paz de Dios.

No se debe descuidar la escucha de la Palabra, procurando meditarla, orarla, vivirla y comunicarla, primeramente, en el seno familiar. Igualmente, un hogar misionero debe asistir asiduamente a la Eucaristía, formarse para la misión “más allá de las propias fronteras”, ser testimonio para los demás, entre otras cosas.

Ser Familia Misionera en la comunidad, significa tener siempre las puertas abiertas y un corazón sin fronteras, ayudar a otras familias para que sean verdaderas comunidades de vida y de amor, vivir la caridad con quienes más lo necesitan, compartir momentos oración con familiares y amigos, anunciar el Evangelio a familiares, amigos vecinos, compañeros de trabajo, compañeros de estudio y a otros hermanos de la comunidad, visitar cada mes, en familia, a una familia necesitada. Compartir el propio pan y la fe con las familias más necesitadas. Llevarles la Palabra, la vida nueva y el amor de Dios. Además, se debe colaborar con la pastoral de la parroquia, apoyar la formación y el servicio de las vocaciones misioneras.

También existe el llamado a ser familia misionera ad gentes, en donde los miembros del hogar, dejan su país y son enviados a donde la Iglesia los necesite, para que, desde este lugar, puedan dar testimonio de vida cristiana y colaboren con la evangelización. Uno de los pilares bíblicos de la teología de la misión más importante se basa en el llamado de Abraham, al cual Dios le prometió “por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra” (Gn 12:3b). Quiero resaltar el hecho de que Dios elige a la familia como el blanco de Su misión de extensión de Su favor.

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