La Arquidiócesis de Tegucigalpa otorgó este 29 de septiembre la Orden San Miguel Arcángel, una presea que nace como reconocimiento a hombres, mujeres, empresas e instituciones cuya labor se ha convertido en un testimonio de servicio al prójimo, promoviendo valores de solidaridad, fe y compromiso con el bien común. Una de las galardonadas para este 2026 es Grisel Cabrera.
Testimonio
Desde Liberia y Guanacaste en Costa Rica, Grisel, quien forma parte como voluntaria de las Misiones Extranjeras, tuvo sus primeros encuentros con la misión, y fue comprendiendo que anunciar el Evangelio de Cristo significa escuchar, acompañar y servir. Ella compartió que su vocación comenzó en la infancia, cuando sus padres sembraron en ella el amor a Jesús y María; “Desde niña ellos fueron quienes me acompañaron y sembraron en mi corazón la fe”, recordó. Con el paso de los años, Cabrera descubrió que la misión no era solamente un proyecto personal, sino una respuesta al amor de Dios; ha acompañado a niños, jóvenes, familias, comunidades indígenas y afrodescendientes, migrantes, personas enfermas y quienes buscan discernir su vocación.
Servicio
Para ella, cada pueblo tiene una riqueza propia y Dios ya está presente en cada realidad, su servicio ha consistido en caminar junto a las personas, escuchar sus historias, compartir la fe y ayudarles a reconocer el amor de Dios, también ha encontrado caminos de evangelización en la oración, la formación y el arte; “Cuando pinto siento que mis manos pueden convertirse en una herramienta misionera”, expresó. El amor de Jesús ha sido su principal motivación, Cabrera afirma que María ocupa un lugar especial y que vivir como discípula y misionera le ha permitido descubrir que la vida adquiere sentido cuando se entrega a los demás; una palabra, una escucha, una oración o un gesto de cariño pueden ser pequeñas semillas cuyo fruto queda en las manos de Dios. Por otra parte, mencionó que durante su camino misionero también ha tenido dificultades; el cansancio, la incertidumbre y la adaptación a nuevas culturas la llevaron a salir de sí misma, esos desafíos fortalecieron su fe y le enseñaron a confiar más en Dios, contemplar y querer controlar menos. “Soy una servidora y el protagonista de la misión es Jesús”, afirmó. También mencionó especialmente a la hermana Belinda, quien la escucha y ayuda a crecer.
Discernimiento
Al mirar los años de servicio, Cabrera identifica un fruto fundamental; descubrir que Dios transforma la vida de quien sirve, por otro lado, se refirió a las personas encontradas en el camino, quienes la han evangelizado con su sencillez y su esperanza. También destaca la alegría de acompañar a jóvenes que se preguntan qué quiere Dios de sus vidas y ayudarles a descubrir sus dones.
Su experiencia le ha enseñado que la misión no exige necesariamente cruzar fronteras, Cabrera invitó a la feligresía a comenzar en la familia, la comunidad, con los jóvenes, los enfermos y las personas que Dios coloca diariamente en el camino, incluso el cuidado de la creación puede convertirse en una expresión de servicio.