Los pasillos del Hospital Escuela y Materno Infantil de Tegucigalpa se convirtieron en un espacio de consuelo, oración y cercanía, durante la visita pastoral realizada por la comunidad del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa (SMNSS). La jornada llevó palabra de Dios y acompañamiento espiritual a quienes atraviesan momentos difíciles: enfermos en camillas, niños, mujeres embarazadas, jóvenes y adultos en salas de emergencia, consulta externa y atención materno infantil.
Para el Padre Heber Espinal, formador del seminario, este tipo de presencia pastoral recuerda que toda persona necesita sentirse acompañada, especialmente cuando enfrenta la fragilidad de la enfermedad. “Todos necesitamos una palabra de aliento, una presencia que fortalezca, que anime, que dé entusiasmo y esperanza para vivir. Hoy podemos estar sanos, pero no sabemos en qué momento podremos enfrentar una enfermedad; cuánto bien nos hace una visita”, expresó el Padre Espinal, al destacar que la acción se enmarca en el año de la misión en Honduras y en el sentido pastoral de la Iglesia.
Caridad
En la actividad participaron alrededor de 80 seminaristas, quienes reconocieron que la experiencia llenó el alma, al permitirles practicar la cercanía, la escucha y la sensibilidad humana, pilares fundamentales del servicio para el cual se preparan. “Es la caricia de Cristo: saber que el Señor no abandona a las personas, sino que siempre está presente por medio de su Iglesia”, compartió Allan Dubón, seminarista de esta casa de formación. Agregó que los futuros sacerdotes están llamados a acoger, escuchar y hacer presente al Señor “en medio de estas realidades de la gente que sufre”.
Esperanza
Para los pacientes y sus familiares, la visita significó un abrazo de esperanza en medio de la angustia. Así lo vivió María del Cid, madre de un niño paciente, quien recibió con gratitud la oración y el acompañamiento de los seminaristas. Para mí es una gran bendición. Ellos andan dando la palabra y orando por los enfermos. Mi hijo se cayó jugando y para uno es una alegría recibir una visita cuando no tiene familiares cerca”, expresó. La misión fue clara: acoger, acompañar y asistir a quienes experimentan dolor en distintas circunstancias. Entre camas, pasillos y salas de espera, la visita pastoral recordó que la fe también se expresa en gestos sencillos: una palabra, una oración y una presencia cercana cuando más se necesita.