Realidad
El problema principal se debe a que la Confirmación se percibe como una "graduación" o el fin de un proceso, en lugar del inicio de una nueva misión. El joven cumple con la catequesis, recibe el sacramento y una vez terminada la celebración, pareciera que también termina su compromiso con la comunidad. Así, la Confirmación corre el riesgo de convertirse en el “sacramento de despedida”, cuando en realidad debería ser un punto de partida.
A los 14 o 15 años, los jóvenes atraviesan una etapa de cambios personales, emocionales y sociales. Necesitan espacios donde puedan expresar sus inquietudes acerca de Dios y de la Iglesia. En algunos casos existe un deseo de conocer a Dios, pero en otros, la motivación se relaciona con la insistencia de los padres, la presión social o la expectativa de una celebración. Esto no significa que esos jóvenes sean indiferentes a Dios, más bien, es una señal de que todavía necesitan descubrir el sentido de aquello que están celebrando.
Fidelidad
Quizá el verdadero reto no es solamente evitar que los jóvenes se marchen después de la Confirmación, sino ayudarlos a descubrir por qué vale la pena quedarse, participar y hacer de la fe una parte viva de su propia historia. “Ahora a los jóvenes nos cuesta enamorarnos de la Iglesia. Es importante que se les dé apertura, no para ser jefes, sino líderes. No darles el voto de confianza, los desanimará muy rápido” expresa Emmanuel Palma, miembro de la Pastoral Juvenil.