La misión de la Iglesia tiene su origen en el amor eterno de la Trinidad y se extiende a todo el Pueblo de Dios, en especial a quienes han recibido el Bautismo. Así lo señalaron diversos misioneros durante una reflexión sobre el llamado misionero en las Sagradas Escrituras, un recorrido que inicia con Abraham, continúa con los profetas y culmina en el mandato de Jesucristo de hacer discípulos en todos los pueblos.
Origen
Beatriz Aguilar, integrante de la Comisión de Misiones de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, explicó que la misión no nace de iniciativas humanas, sino de Dios Padre, que envía al Hijo y al Espíritu Santo para convocar y salvar a la humanidad. Recordó que la Escritura ilumina, corrige, anima y transforma a quienes la escuchan con humildad. Cuando la Palabra es acogida, fortalece la fe personal, ayuda a reconocer a Cristo y mueve a compartir esa experiencia con la comunidad.
Esta reflexión encuentra fundamento en diversos textos bíblicos. En Génesis 12, Dios llama a Abraham a dejar su tierra y lo convierte en signo de bendición para todas las familias de la tierra. En Isaías 6, el profeta, después de ser purificado, responde al llamado divino con disponibilidad: "Aquí estoy; envíame". Más adelante, los Evangelios presentan a Jesús enviando a sus discípulos para anunciar la Buena Nueva al mundo entero, especialmente en Mateo 28, 19-20 y Marcos 16, 15.
Llamado
Luz Verónica Martínez, misionera laica consagrada señaló que la historia de la salvación muestra a un Dios que llama y envía. Desde la creación, pasando por los patriarcas, jueces y profetas, hasta llegar a Cristo y al envío del Espíritu Santo, la misión aparece como una constante de la acción divina. También destacó que los Hechos de los Apóstoles narran cómo la primera comunidad cristiana asumió esta tarea con el testimonio de su vida y el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. La hermana Guadalupe Rojas subrayó que toda la Biblia refleja el deseo de Dios de salvar a la humanidad y restaurar la comunión con sus hijos. Indicó que Jesús es el gran misionero enviado por el Padre y que su ejemplo revela el camino que la Iglesia está llamada a seguir. Para la religiosa, la evangelización no es una actividad ocasional, sino una expresión permanente del proyecto divino, confiado a la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo. El Mes de la Biblia se presenta como una oportunidad para redescubrir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios y renovar el compromiso de anunciar a Cristo con alegría, esperanza y coherencia de vida.