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  • La espiritualidad misionera es comunión y cooperación
  • La espiritualidad misionera es comunión y cooperación

    La Sagrada Escritura abunda en testimonios de Jesucristo, su cercanía y amistad para con todos, realizando su misión en compañía de otros, en comunidad
    24 de septiembre de 2026 por
    La espiritualidad misionera es comunión y cooperación
    Digital

    En nuestros ambientes es muy común ver grupos dialogando, vecinos que se conocen y tratan con familiaridad, compañeros de trabajo compartiendo alguna comida. Pero hay datos que nos dejan inquietos: Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada seis personas en el mundo (16.6%) sufre de soledad, esto se traduce en 871,000 muertes anuales vinculadas a la soledad y el aislamiento -equivale a 100 muertes por hora-. En países con pocos ingresos económicos y en personas jóvenes esto aumenta a un 21%.

    En un mundo donde cada vez hay mayores dificultades para hacer conexiones sociales, Jesús de Nazaret nos muestra la importancia de estas. Su círculo íntimo y sus discípulos eran personas de clase trabajadora (pescadores como Pedro, Andrés, Santiago y Juan). Otros eran figuras de reputación cuestionada o ideologías opuestas como Mateo (recaudador de impuestos al servicio de Roma) y Simón el Zelote (perteneciente a un grupo nacionalista radical antirromano). En este espacio de comunidad se fomentó la iniciativa propia, debates e incluso discusiones sobre liderazgo (ver San Mateo 20, 21-28)

    Siguiendo esta línea, Jesús rompió con los protocolos sociales de compartir la mesa con personas tachadas de “pecadoras”, publicanos y marginados de la ortodoxia religiosa (ver San Marcos 2, 15 – 17). Trató y conversó públicamente con mujeres en una época en la que estaban excluidas de la enseñanza rabínica formal (ver San Juan 4, 5 – 42). Desafiando las leyes de pureza ritual, trato directamente con leprosos, paralíticos y pobres (ver San Lucas 17, 11 – 19).

    Su ministerio se desarrolló principalmente en aldeas y pueblos pequeños de Galilea, conectado con campesinos y evitando los grandes centros urbanos helenizados. Las Sagradas Escritura abunda en testimonios de Jesucristo y su cercanía y amistad para con todos, realizando su misión en compañía de otros, en comunidad.

    Es consecuente comprender que los misioneros son parte de nuestra Iglesia, enviados por ella, para hacer vida la misión de llevar a todos a Cristo y su Iglesia, para vivir como una fraternidad santa.

    El Papa León XIV nos lo dice así: “Por eso, estar unidos en la misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración misionera. Al crecer cada día en esta actitud, aprendemos con la gracia divina a mirar cada vez más a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a reconocer con alegría el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a acoger la diversidad como riqueza, a llevar las cargas los unos de los otros y a buscar siempre la unidad que viene de lo Alto. De hecho, todos tenemos juntos una sola misión recibida de "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [...] un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos" (Efesios 4, 5-6). Esta espiritualidad constituye la forma cotidiana del discipulado misionero. Nos ayuda a recuperar una visión universal de la misión evangelizadora de la Iglesia, superando la fragmentación de los esfuerzos y las divisiones facciosas —“de Pablo”, “de Apolo”— entre los seguidores del único Señor (cf. 1 Corintios 1, 10-12).” (Mensaje para la 100° Jornada Mundial de las Misiones 2026) ¡Espíritu Santo haznos uno en Cristo y unidos en la Misión!

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