Ante el dolor y desesperación de los migrantes la Iglesia no puede ser indiferente

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“Solo mire y sentía que venía mucha agua. Me tocó agarrar a mi niña y escuchar los gritos de mi mamá, mi nieto y a mi hermano. El rio se los llevó. Hoy mis lágrimas se acabaron, mi cuñada me pregunta que pasó, yo no pude salvarlos, mi esposo me dijo, debemos avanzar, no podemos hacer nada, seguimos caminando”

Estas son las tristes palabras de una mujer migrante que hace 6 años salió de Haití, rumbo a Chile y en junio de este año, volvió a tomar maletas para continuar su “sueño” de llegar a los Estados Unidos para tener un futuro mejor junto a su familia, pero hoy lamenta la pérdida de la mujer que la trajo al mundo y otros familiares que perdieron la vida, ya que no aguantaron caminar y se ahogaron en un rio en Colombia.

Realidad

Y es que estos son uno de muchos de los testimonios que los habitantes del municipio de Danlí, están escuchando desde principios de este año, ya que han estado llegando hermanos migrantes procedentes de Haití, Cuba, Venezuela, Sudáfrica, utilizado este municipio como ciudad de paso para seguir su ruta hacia tierras estadounidenses. Estas personas están entrando por puntos ciegos del municipio de Trojes, El Paraíso.

El Padre Mario Ramos, sacerdote de la parroquia de esta comunidad, relata que es el primer año en el que se ve esta cantidad de personas que llegan caminando con el único objetivo de pasar por este lugar y concluir su travesía al norte de América. “A inicio de año eran pocos los migrantes que llegaban de estos lugares, pero desde hace unas semanas, las cifras han ido en aumento. Una noche llegaron a la Iglesia unos 200 de ellos con hambre, sed y niños llorando” relató el sacerdote. Según denuncias de Heriberto Ramírez, de la Red defensores de Derechos Humanos, “Estos migrantes están siendo víctimas de extorción por parte de la policía desde que entran a Honduras, situación que se está investigando”. Ante esto Fernando Gonzáles, portavoz del Ministerio Publico, aseguró que esto está por comprobarse.

Odisea

Familias completas están llegando y pasar por “la ciudad de las colinas” como se le conoce a Danlí, no es nada fácil, ya que salir de Trojes, requiere de caminar 80 kilómetros por una calle muy árida, llena de piedras. Como equipo de Suyapa Medios, nos dimos a la tarea de conocer un poco de este recorrido y las escenas de dolor que se observan son desgarradoras. “No aguanto mi cuerpo, quiero agua” manifiestan algunos haitianos y cubanos.

Sus pies tenían sangre por las largas horas de caminar descalzos, ya que en el camino sus zapatos se desgastaron; la piel de algunos niños, se observa dañada por el sol o con picaduras de insectos. Labor Esta situación no ha sido fácil, detalla el Obispo de la Diócecis de Danlí, Monseñor José Antonio Canales. “Hemos tenido hasta problemas con las autoridades, porque no podemos ser indiferentes al dolor de estos hermanos, si somos indiferentes, no somos hijos de Dios” expresó.

Y es que la Iglesia en particular, les ha abierto las puertas a las decenas de personas que están llegando a diario. Los laicos de esta zona pastoral, dentro sus posibilidades, les ayudan con ropa, comida y si desean quedarse a dormir unas horas, les habilitan camas para que tomen un poco de energía. Al llegar a Danlí, están autorizadas las atenciones en los albergues de la Parroquia Sagrado Corazón y en el Albergue Jesús está Vivo. Son tantas las realidades y problemas que enfrentan estas personas que llevan el único objetivo de tener un fututo mejor. Los danlidenses manifiestan que, aunque las autoridades no los apoyen, ellos seguirán ayudando a los migrantes, porque tienen derecho a soñar y buscar mejores derroteros.

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