Han pasado siete años desde la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, del 23 al 28 de julio de 2013: la primera presidida por el Papa Francisco, quien fue elegido como Sumo Pontífice el 13 de marzo de ese mismo año.

Fue un acontecimiento mundial que superó, sin duda, todas las expectativas que tenían los organizadores ya que, según datos oficiales, casi 4 millones de jóvenes participaron en la Misa de clausura.

Los ingredientes que marcaron esta semana fueron fe, juventud y esperanza , estuvo llena de sintonía entre el sucesor de Pedro y los más de tres millones y medio de jóvenes que acudieron a los diversos eventos organizados en las ciudades de Copacabana, Quinta de Boa Vista y el centro de Rio de Janeiro.

Jóvenes de Latino América

La ubicación geográfica de Brasil favoreció la presencia masiva de jóvenes procedentes de América Latina aunque también asistieron muchos de Europa. Los países con mayor número de inscritos fueron Brasil, Argentina, Estados Unidos, Chile, Italia, Venezuela, Francia, Paraguay, Perú y México.

Según datos registrados del total de inscritos internacionales un 86,9% nunca había participado en una JMJ: un dato que no deja indiferente ya que esta JMJ fue testigo de muchos casos de conversión espiritual, acercamiento a la fe y testimonios de superación.

Cabe destacar el gran interés que despertó esta Jornada a nivel internacional: para muchos medios de comunicación, se trataba de la primera gran oportunidad de ver «en acción» al por aquel entonces, recién elegido, Papa Francisco.

El “¡Hagan lio!” del Papa

El Santo Padre logró tocar el corazón de la gente a través de sus palabras: claras concisas y alentadoras, uno de los más populares fue aquel mensaje pronunciado por Francisco durante su encuentro con los jóvenes argentinos en la Catedral de San Sebastián, el jueves 25 de julio de 2013.

«Hagan lío; cuiden los extremos del pueblo, que son los ancianos y los jóvenes; no se dejen excluir, y que no excluyan a los ancianos», añadió haciendo referencia a «un lío» que proviene del corazón de Jesús de un corazón cristiano que busca la fuerza para lograr grandes cambios en beneficio de la construcción del «Reino de Dios» en este mundo.

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